21
En ambas batallas los auxiliares escoceses de Francia se distinguieron a las órdenes de Stewart, conde de Buchan. En Beaugé fueron victoriosos, matando al duque de Clarence, hermano de Enrique V, y destruyendo su ejército. En Vernoil fueron derrotados y casi aniquilados. (N. del a.)
22
«Cortar un cuento con un trago», expresión usada en Inglaterra cuando un hombre habla con la copa al lado. (N. del a.)
23
El apodo de Oliver era Le Diable, que se lo puso el odio popular, en vez de Le Daim o Le Dain. Fué primeramente barbero del rey, y luego un consejero favorito. (N. del a.)
24
El doctor Dryadust hace aquí la observación que los naipes, que se suponen inventados en el anterior reinado para divertir a Carlos V en los períodos de su enfermedad mental, debieron de popularizarse rápidamente entre los cortesanos, ya que proporcionaron a Luis XI el uso de una metáfora. El mismo proverbio fué citado por Durandarte en la cueva encantada de Montesinos. El pretendido origen de la invención de las cartas produjo una de las respuestas más agudas que conozco. Fué hecha por el difunto doctor Gregorio de Edimburgo a un consejero eminente del foro escocés. La prueba del doctor tendía a demostrar la locura de la parte cuya capacidad mental se discutía. En un interrogatorio celebrado estuvo conforme en que la persona en cuestión jugaba admirablemente al whist. «¿Y dice usted en serio, doctor -dijo el erudito consejero-, que una persona que tiene una disposición especial para juego tan difícil, y que requiere en grado preeminente memoria, juicio y cálculo, puede al mismo tiempo estar trastornada?» «No soy jugador de cartas -dijo el doctor con gran habilidad-; pero he leído en la historia que las cartas se inventaron para la diversión de un rey loco.» La consecuencia de esta respuesta fué decisiva. (N. del a.)
25
Al decir esto el rey, indicó el verdadero fin por lo que apremiaba ese casamiento con tal severidad tiránica, que era el de que la rama de Orleáns, que era la primera con derecho de sucesión a la corona, pudiese resultar, por falta de herederos, debilitada o extinguida, ya que la deformidad personal de la princesa hacía presumir que no llegaría a ser madre. En una carta al conde de Dammarten, Luis, hablando de la boda de su hija, dice: «Qu'ils n'auroient pas beaucoup d'ambarras a nourrir les enfants que naitroient de leur union; mais cependant elle aura bien, quelque chose qu'on en puisse dire.» Wraxall, Historia de Francia, vol. I, pág. 143 nota. (N. del a.)
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Una persona amiga me ha indicado que me he equivocado al afirmar que el cardenal era mal jinete. Si así fuese, debo una reparación a su memoria, pues hay pocos hombres que hasta en edad avanzada hayan amado ese ejercicio más que yo. Pero el cardenal puede haber sido un jinete como muchos, aunque presumía de poder competir con los más expertos en los peligros de la caza. Era un hombre resuelto y aficionado a la ostentación, como lo demostró en el sitio de París de 1465, en donde, en contra de la costumbre y usos de la guerra, hizo guardia durante una noche con sonido desusado de clarines, trompetas y otros instrumentos. Al atribuir al cardenal falta de práctica como jinete, recuerdo su aventura en París cuando fué atacado por unos asesinos, en cuya ocasión su mula, espantada de la gente, huyó con el jinete, y tomando el camino de un monasterio, a cuya abadía había anteriormente pertenecido, proporcionó el medio de salvar la vida a su amo.- Ved Crónica, de Juan de Croye. (N. del a.)
27
Carlomagno, sin duda por su generoso rigor con los sajones y otros herejes, gozó fama de santo en aquellos tiempos remotos; y Luis XI, como uno de sus sucesores, honró su altar de un modo especial. (N. del a.)
28
Adelante, Escocia. (N. del a.)
29
Durante su residencia en Borgoña, en época de su padre, Genappes era la residencia habitual de Luis. En la novela se alude con frecuencia a este período del destierro. (N. del a.)
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La índole de los chistes groseros de Luis XI puede adivinarse por aquellos que han leído las Cent Nouvelles, que son de mayor calibre que la mayoría de las colecciones similares de la época. (N. del a.)